Los Juegos Olímpicos reflejaron los tiempos que vivimos.

Si la realidad estuviera en la pista atlética llegaría a la meta entre saltos y traspiés. Hoy vivimos un tiempo distinto, de mirarse hacia adentro, de reconocer-nos (en) las emociones, de ir al pasado y sanar así las heridas que no nos dejan correr en el presente. Pero sobre todo de decir BASTA a lo que nos daña, a los abusos (sexuales y de poder), al exitismo y la mercantilización del deporte y la vida. 

Los JJOO de Tokio 2020 representan todo eso y más: una competición con milenios de historia, desarrollada para cultivar la mente y el cuerpo desde la Grecia clásica, se realizó por primera vez en medio de una crisis sanitaria y con todas las gráficas dibujando un año que no correspondía. Tokio 2020 se celebró el 2021 y sin el otro gran protagonista: la gente.  

Fuimos testigos también las protestas de una ciudadanía activa que se agrupó en las afueras de los centros deportivos de esa ciudad: cuestionaba la realización de un evento de esta magnitud en medio de la peor pandemia del siglo XXI. De igual forma, pero dentro de las pistas, vimos como los/as atletas tampoco olvidaron su rol como ciudadanos/as: gracias a la rrss nos enteramos de saludos al comandante Chávez en su cumpleaños, muestras de agradecimiento a Fidel y la revolución cubana, ironías a las multinacionales marcas deportivas que no confiaron en deportistas en el pasado, y, sobre todo, mucha claridad y valentía para asumir que en el deporte de alto rendimiento la realidad es mucho más compleja de lo que se ve por Tv.

En Tokio no sólo se habló de medallas: se habló de depresión, de exigencia inhumana, de soledad, de faltas de recursos y apoyo, de justicia social.

El caso de Arley Méndez, pesista cubano nacionalizado chileno que asumió que consumió cannabis adrede como una forma de autosabotaje, así lo demuestra:

“Esto es una mierda. Tomé la decisión de retirarme del deporte. Me iba a retirar hace tiempo, pero tengo que alimentar a mi familia. Me gusta competir, pero estoy sufriendo mucho. Una semana en Cali estaba decepcionado y tomé la marihuana. Qué atleta hace eso 48 horas antes de medirse. Lo hice adrede para irme al carajo. Llevo meses cansado de esto, estoy sufriendo mucho con dolor, depresiones, no aguanto más”.

Tokio 2020, Levantador de pesas chileno de origen cubano, Arley Méndez

Y quizá lo que le dio el sello a este cambió epocal en los JJOO, fue la claridad respecto a la salud mental de la atleta Simone Biles. La norteamericana no sólo ha sido defensora de los derechos raciales, también ha denunciado el abuso que se vive en los lugares de entrenamiento y que ella experimentó en carne propia. Comentó:

«Creo que debería hablarse mucho más del tema de la salud mental, especialmente con los atletas porque sé que algunos de nosotros estamos pasando por las mismas cosas y siempre nos dicen que sigamos adelante, pero ahora ya somos un poco mayores y podemos hablar por nosotros mismos. Al final del día, no somos solo entretenimiento, somos humanos, y hay cosas por detrás que, además del deporte, con la que hacemos juegos de malabares».

Tokio 2020, Atleta estadounidense, Simone Biles

Por más medallas de dignidad.

Dr. Magrão

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Crédito imagen: IMAGO

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