A raíz de la aparentemente definitiva renuncia de Matías Almeyda a la posibilidad de ser el nuevo Director Técnico de la Selección Chilena, es que vuelve a emerger el fracaso de la ANFP como ente rector del futbol nacional, donde el nivel dirigencial se ha mostrado como pobre, voluble e intrascendente.

Y es que nada bueno ni positivo ha emergido en estos breves pero insufribles 6 meses de mandato de esta supuesta renovación que prometieron estos nuevos dirigentes tras el tibio y apático liderazgo de Arturo Salah en su autollamado “gobierno de transición”. Repito: NADA!

Y tampoco es que Matías Almeyda llenase el paladar del hincha chileno. Diría mas bien que lo contrario, pero pasa que este acontecimiento de aún no tener técnico definido cuando sonaron bastantes y variados, sumado al pésimo nivel del campeonato local en cuanto a nivel de espectáculo y planificación y a la inexistencia de una reestructuración de las fuerzas juveniles en las selecciones menores, hacen que la gestión del actual directorio esté siendo un contundente desastre, donde el mayor perjudicado, obviamente, es el alicaído fútbol chileno.

Sigamos sumando “hitos”: la nula pronunciación sobre las injusticias cometidas en contra de Coquimbo Unido a nivel Sudamericano a nivel CONMEBOL y el extrañísimo “permiso” a Reinaldo Rueda para negociar su desvinculación-vínculo con otra selección nacional teniendo contrato vigente con la nuestra. Es cierto, el colombiano tampoco estaba disfrutando de la mayor veneración y reverencia en su lugar de trabajo, pero dados los motivos aquí expuestos me hace dudar sobre la confiabilidad, transparencia y seriedad que la ANFP es capaz de transmitir hacia dentro y hacia afuera. Es más, a estas alturas creo que Rueda tenía razón y motivos válidos para querer irse.

Dicho esto, nuestro principal contrincante ya no son los casi infranqueables Argentina o Brasil, ni nuestros rivales directos Colombia, Uruguay, Paraguay o Ecuador. Tampoco es la brecha que existe entre los equipos chilenos y extranjeros a nivel de Copa Libertadores o Sudamericana ni las sombras de la corrupción o desidia de los gobiernos anteriores. El verdadero enemigo viene de adentro y tiene nombre y apellido: Pablo Milad Abusleme; su liderazgo y su legado.

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