“Recién hoy me cayó la ansiedad del último partido”, las palabras de Walter Montillo durante la noche del jueves en ESPN Nexo, delatan la importancia del estado emocional en el jugador de fútbol y todo lo que este factor juega en el final de la carrera del futbolista. Salvo que ocurra un accidente y Universidad de Chile deba disputar el temido partido para no descender a la Primera B, este sábado Montillo jugará su último partido como profesional.

Es absurdo ponerse a discutir si es justo considerarlo como ídolo azul. Lo que merece ser valorado es la hidalguía de que un jugador de su categoría haya decidido venirse a Chile en el final de su carrera. Y es que sí, su carrera es exitosísima: campeón en Brasil con Cruzeiro, en Chile con la U y en Argentina con la camiseta del humilde Tigres del Pipo Gorosito, otro con pasado glorioso en Chile.

Más allá de la nostalgia y sus ganas de haber jugado con público sus últimos partidos, Walter es consciente que lo dio todo por la camiseta, por cumplirle el sueño a su hijo Santino y a reencontrarse con las ganas de jugar al fútbol donde más fue querido. Tuvo la posibilidad de quedarse en Argentina con un sueldo mucho más alto que lo que le podía dar la U, pero su anhelo era volver a Chile para despedirse de los hinchas como siempre soñó.

Sin embargo, tuvimos la desfachatez de faltarle el respeto y de dudar de su compromiso con el club. La nefasta dirigencia de la U, en una de sus actuaciones más lamentables a nivel de destrato hacia los jugadores, le mintió a él y a su familia con la supuesta renovación de contrato de cara al 2021. Se tramitó una negociación que nunca existió, hasta que Montillo picó el anzuelo y se pudrió todo.

“Seré un poco egoísta y trataré de disfrutarlo a mi modo”. Y sí Walter, todo el derecho del mundo a ser un poco egoísta en la recta final de la carrera. El hincha del fútbol te lo agradecerá por siempre. Gracias Walter querido, la camiseta azul te acompañará más allá del horizonte

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