Una catástrofe de magnitudes bíblicas es lo que dió a lugar en tierras germánicas ayer cuando, contra todo pronóstico, historia y lógica el humilde cuadro balcánico venció a la poderosa Alemania por 2-1 en el marco de las eliminatorias europeas para el mundial de Qatar.

¿Catástrofe mundial y el fin de los tiempos como los conocemos? Si por lo acontecido más no por tratarse de Alemania, país que no convierte este tipo de acontecimientos en shows mediáticos, sino más bien mantiene la cabeza fría, gacha y se reestructura en espíritu y convicciones una y otra vez para volver a hacerse más fuerte.

Y es que en Alemania existe, a diferencia de países como Italia, Francia y España por mencionar algunos, un envidiable y admirable respeto por los procesos, por la cordura. Si bien lo de Duisburgo es un papelón vergonzoso, estos adjetivos no logran hacer meya en la inquebrantable mentalidad alemana, esa misma que los tiene con sus 4 mundiales ganados, tan solo uno por debajo de Brasil, país infinitamente más abundante y desarrollado en cuanto a sus recursos técnicos.

Párrafo bien aparte para Goran Pandev, jugadorazo que pudo compartir equipo con Marcelo Salas en aquella mítica Lazio y lo hace hoy con Gary en Genoa. Jugador puesto en el Inter del triplete bajo el mando de Mourinho. Capitán, líder, espíritu y alma de este pequeño pueblo-país que hoy celebra la belleza del fútbol y la magnitud de esta consecución.  

Mientras la prensa alemana se pregunta si Joachim Low debe reconvocar a algunos de los jugadores excluidos como Thomas Muller, en un país que casi tiene más estatuas que habitantes como lo es Macedonia del Norte, Pandev merece la suya en un sitial reservado para leyendas.

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Créditos imagen: Goal

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