Recuerdo como si fuese ayer aquel fatídico día. Un domingo 12 de junio del 2011. Claro, al hablar sobre la fecha quizás para muchos no signifique nada, pero cuando hablamos sobre ese “famoso” término que muchos hinchas de la Universidad de Chile bautizaron como el “lo damos vuelta”, si traiga muchos recuerdos a todos los Cruzados. 

Es que ese día fue horrible. Yo en particular me encontraba fuera de Santiago por asuntos personales, y junto con amigos, también hinchas de la UC, hicimos todos los esfuerzos por dar con el Canal del Fútbol y ver lo que para muchos de nosotros terminaría siendo una fiesta. 

Pensábamos que sería una fiesta dado el resultado que se obtuvo en el partido de ida de aquella final del torneo de Apertura 2011. Fue un claro 2–0, que a pesar que no haber dominado el partido, la UC ponía sobre la mesa la jerarquía y experiencia que tenía aquel plantel, sobre todo considerando que era un equipo que venía de ser campeón el 2010 y dio un más que meritorio papel en la Copa Libertadores de América de aquel año, llegando a cuartos de final del torneo y quedando fuera por un par de errores del entonces portero titular del equipo, Paulo Garcés. 

De todas maneras, el recuerdo que dejó aquella Libertadores fue más que dulce, al menos para mí.

Final 2011

Bueno, volviendo a aquella fatídica final, el pitazo final del juez no solo significó la adjudicación del torneo para el equipo rival, sino que también la aparición de algunos sobrenombres o “motes” hacia la hinchada de la UC, o en realidad, hacía cualquier cosa que sea representada por la UC, tales como: “pechos fríos”, “segundones”, “el cotillón” u otras cosas que se le parezca referente a un segundo lugar. 

De todas maneras, es cierto, aquella final el equipo no solo se mostró errático, si no que realmente lució irreconocible sobre el césped del Estadio Nacional. Figuras como Milovan Mirosevic, Jorge Ormeño, Rodrigo Valenzuela o Tomás Costa perdieron absolutamente la brújula, algo que para muchos de nosotros era al menos inesperado dada la experiencia que tenían. Finalmente, la final se perdió y dio inicio a una lucha que muchos hinchas cruzados damos temporada tras temporada, esa de demostrarle al mundo que la Católica también puede vivir de éxitos deportivos y que a pesar de todo, seguiremos ahí.

Rivales pequeños, rivales enormes

Final 2013

A partir de aquel instante, y por un tiempo relativamente considerable, el club pasó por un par de acontecimientos que acrecentaban la maldición del segundo lugar. 

La definición del campeonato de Apertura 2013 tenían a la UC y a O’higgins de Rancagua como protagonistas, ambos clubes llegaron a la última fecha de la temporada regular con la misma cantidad de puntos (única variable a considerar para definir al campeón, la diferencia de goles no importaba). 

La UC tenía que ir a jugarse la vida a Quillota, donde Unión La Calera jugaba de local, mientras que O’higgins hacía lo propio en Talca frente a Rangers. Para la UC fue un partido trabado que terminó resolviendo en el segundo tiempo con goles de Ribery Muñoz y el “Chuco” Sosa para ganar 2-0, en tanto O’Higgins hizo lo suyo, con polémica incluida, venciendo 4 a 3 a los talquinos. 

Lo polémico del encuentro fueron un par de jugadas decisivas que terminaron a favor de la visita. Uglessich cometió una mano horrorosa que le valía la segunda amarilla que nunca existió, Osman Huerta anotaba el 3 a 3 con el antebrazo y finalmente, ya con el equipo de Rangers más que exaltado, O’higgins empató a través de un penal cometido por Nicolás Peric, arquero y capitán de Rangers, que se retiró de la cancha insinuando a todo el estadio que lo que estaba ocurriendo era un robo. 

En definitiva, la UC y O’higgins debían definir el campeón frente a un repleto Estadio Nacional. Martín Lasarte, DT de la Católica, tomaba la decisión de dejar en el banco a Nicolás Castillo, alineando a Matías Jadue desde el arranque del partido. Además, que por suspensión no podría contar con el capitán del equipo, Milovan Mirosevic, optando por un joven Fabián Manzano en su puesto. 

Lo que se vio en el campo fue una UC con falta de liderazgo, que a momentos las asumió Tomás Costa y en otros el Chuco Sosa pero que eran insuficientes para llevarse el encuentro.

Finalmente, la UC terminaría cayendo por 1-0 consagrando a O’higgins como campeón del certamen. Una vez más, los miles de hinchas nos íbamos con las gargantas apretadas, buscándole alguna explicación a lo vivido y tratando de alguna manera fortalecer nuestra armadura que sin duda sería apedreada ese tan poco esperado lunes por la mañana.


Una situación similar se vivió en el partido con Deportes Iquique del año 2015, dirigido por Nelson Acosta, que terminó en un empate a 3 goles en San Carlos de Apoquindo, que daba por sentenciada cualquier posibilidad de alzarse con el campeonato nacional, mientras que en el Norte de Chile, Cobresal, se proclamaba campeón del torneo chileno por primera vez en su historia. 

Fue un partido que tuvo de todo. La UC ganaba 3 goles a 0, el pollo Bottinelli tuvo el gol del triunfo a través de un penal que entre el palo y el arquero evitaron, nos anotaba un jugador llamado Michael Jordan y el empate final fue anotado por un desconocido César Pinares, provocando así una vez más la desazón del pueblo cruzado.

San Carlos estaba completamente en silencio, incrédulos de lo que ocurría en la cancha y ya muchos comenzábamos a pensar cómo enfrentar esta situación nuevamente en nuestros lugares de trabajo, estudio o donde quiera que fuese que tuviésemos que enfrentar a “hinchas” de equipos rivales, era un completo desastre. 

Lo que ocurrió el siguiente campeonato tampoco fue muy distinto. La Católica llegaba con chances de ser campeón, al fin, y una vez, más se enredó en la última fecha del campeonato, cediendo los puntos frente a Audax Italiano en La Florida, entregando el campeonato a Colo Colo (que sin jugar frente a Santiago Wanderers se proclamaba campeón luego de los incidentes en el estadio de Playa Ancha), y ya con la hinchada de la UC comportándose como pocas veces las podemos ver, lanzando parte del inmueble del estadio Bicentenario de La Florida a la cancha, provocando la suspensión del partido y la derrota de la UC.

El sabor del éxito luego del fracaso

Si bien a partir de ese momento es que el club comenzó a vivir una importante racha de éxitos, incluyendo finales muy apretadas, como la del golazo del “Chapa” Fuenzalida conectando de cabeza el centro de David Llanos colando el balón en un rincón del arco de Audax Italiano en la última fecha del campeonato de Clausura 2016, proclamando a la UC campeón, y demostrando un alto nivel de jerarquía y coraje por parte de equipo. 

Éxitos que al día de hoy aún continuamos disfrutando, y que aquella etapa les dejó a muchos hinchas más de algún aprendizaje. 

De los principales aprendizajes que me dejó fue que por más “pequeño” que pueda ser el rival, a este se le debe respetar y jamás menospreciar. Esa es una manera de pensar que no hay rivales fáciles y a cada uno de ellos se debe ir a vencer con uñas y dientes. Y lo que sin duda todo aquel hincha de la UC lleva consigo marcado en la piel, es entender de que el fútbol sí da revanchas y lógicamente si un día te encuentras en el suelo, al día siguiente te puedes encontrar en la cúspide. 

Por ende para nosotros cada racha de éxitos vale, pero aún más valen cuando conociste el suelo desde cerca. Eso es lo lindo de ser hincha, acompañar al equipo como dice la canción de Los Cruzados “En las buenas y en las malas” y pensar en lo que nos diría nuestro amigo Don Quijote de la Mancha “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.” ¡A disfrutarlo muchachos!



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