“Chucha se cayó Bosejur, cagamos”. Esa fue la declaración de ese amigo que ve la derrota meses antes de jugar. Después de la caída del negro, un peruano quedó solo y sí, parecía que caía el gol. Pero Bravo achicó como perro embravecido y despejó la pelota.

Aplauso cerrado en la casa y un ‘paipe’ al amigo por weon. Esa fue solo una de las múltiples atajadas de Claudio. Por arriba, por abajo, mano a mano, centros. Paró todo, como siempre, y la nostalgia nos invadió.

Hace 3 años que no jugaba por los puntos, pero atajar parece que es como andar en bicicleta. Y aún cuando estaba sin la jineta, no se achicó, porque su talento es tan grande que no se puede guardar.

Gritó, ordenó, puteó y ganó. Al otro lado Vidal se llevaba las fotos, pero en el arco de Chile, con la galería silente de testigo, Bravo revivía ese viejo romance que pactó con la Selección.

El tiempo hizo el resto y Chile ganó, con el arco en cero y el ex capitán de figura. Los micrófonos se fueron con Arturo, los comentarios se fueron con Rueda y él se fue en silencio con la hermosa satisfacción del deber cumplido y un nuevo capítulo de su eterna leyenda.

Volvió Bravo y casi sin darnos cuenta, hoy despertamos más felices.

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