Creció en Independencia y metió sus primeros regates en ‘La Catedral’ del fútbol chileno.

A los 12 años se mudó a Quilicura y, como se dice en el fútbol, ‘quedó con el pase en su poder’. Enseguida supo que, si quería jugar profesionalmente, debía -literalmente- buscarse la vida.

A su corta edad, se probó en cuanto club pudo. Poniendo a prueba su fútbol, pero también su temple y resiliencia. Pasó por Colo Colo, la U … hasta que finalmente Universidad Católica reconoció el brillo de su zurda y lo fichó.

Compartió equipo -entre otros- con Nicolás Castillo y Stefano Magnasco. Éste último estaría a punto de fichar en el FC Groningen de Holanda, donde haría sociedad defensiva con Virgil van Dijk, uno de los mejores defensores del mundo.

El sueño de Carlos Salva parecía tomar su mejor forma en la precordillera, hasta que, por decisión técnica, no logró ascender a la siguiente categoría y, nuevamente, quedó en libertad de acción.

Probó suerte en San Felipe y quedó. Hasta que llegó Fernando Astengo, que venía de dirigir a Colo Colo, le dijo que para su posición necesitaba a alguien como Jorge Valdivia o Matías Fernández y lo cortó. Tuvo la oportunidad de ir a La Pintana de tercera división, pero prefirió ir a buscar su sueño en el fútbol europeo.

Fichó en la filial del Llagostera de Girona, en España. Enseguida empezó a jugar, y con ello a reaprender el juego. En pleno auge del modelo de Pep Guardiola en el FC Barcelona.

Creció física y tácticamente, pero enseguida supo que necesitaría más ingresos para poder vivir tranquilamente. Comenzó a trabajar en otros rubros, además de entrenar y jugar. Al principio lo llevó bien, pero con el paso del tiempo notó la gran ventaja física que daba frente a sus compañeros.

Trabajaba ocho horas diarias de pie, para luego manejar una hora y media al entrenamiento, y a veces ni jugaba el sábado (…) Fue duro, me pasé unos siete años a ese ritmo”. En el camino conoció a su mujer y formó una hermosa familia.

Aún no explota su potencial como quizás lo soñó, pero vive con el honor de haber perseguido su sueño decididamente, con un par de huevos muy bien puestos y con la satisfacción de haber hecho todo lo que pudo por conseguir su plenitud. Luego el fútbol te pone en el lugar que corresponda. A veces no es justo, pero esto es así, como la vida misma, lo importante es persistir. El fútbol es generoso y el esfuerzo siempre paga. 

Máximo respeto para Carlos Salva, y para todos los futbolistas que luchan día a día por cumplir sus sueños.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *