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Los Cruzados no supieron encontrar la forma de romper el cerco del Inter de Porto Alegre.

Fue uno de los peores partidos de la Universidad Católica en los últimos años y a los hinchas nos duele la dura derrota ante el Inter de Porto Alegre por 3-0. No hay excusas, no hay apelación, solo cabe levantar la cabeza y aprender de los errores.

Los primeros 15´ minutos del partido la UC sufrió la presión del local, quien llegaba con intensidad al área cruzada y que de no ser por las intervenciones de Matías Dituro, el marcador podría haber sido aún más abultado.

Pero la UC jugó mal. El planteamiento táctico de Ariel Holan evidenció un equipo con cinco defensas y sin un creador, y lo esperable era que el resultado no fuera positivo. Y no nos equivocamos.

Los primeros minutos de la segunda fracción fueron un espejo del primero. Inter tomó el control, presionó a una Católica ahoga y sin fútbol y donde finalmente pasó lo que temíamos: el despertar del “colorado” y el hundimiento de los Cruzados que se vieron sobrepasados en todas las líneas y que ante un delantero de categoría internacional como Paolo Guerrero nada se pudo hacer.

Cayó el primero, luego el segundo y nos liquidaron con el tercero en 10 minutos. La expulsión de Valber Huerta fue la guinda de la torta para un equipo que nunca encontró torcerle el juego a Inter y que desperdició una gran oportunidad de demostrar porqué es el bicampeón del fútbol chileno.


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