El nombre de Ricardo Gabriel Lunari es conocido entre los hinchas de Universidad Católica. Es transversal en generaciones, querido, respetado, idolatrado, considerado un referente, y el deseo de muchos es verlo vistiendo, una vez más, el buzo con el escudo de la UC.

Un amor incondicional

Corrían los últimos días del verano de 1993 y con 22 años el “Cadi” arribó al equipo de la franja sin saber lo que el destino le tenía preparado. A punta de esfuerzo, de una garra temible y un gran despliegue técnico y táctico admirable, logró encantar el corazón de todos los cruzados en los primeros partidos, algo así como un amor a primera vista. Y fue recíproco.

Cuando llegué “sentía que no jugaba bien y que no rendía como se esperaba. Sin embargo, el hincha cruzado me apoyó y me aplaudía en cada partido porque notaba mi esfuerzo. Ignacio Prieto, técnico en ese momento, me ayudó y con el tiempo la relación entre la hinchada y yo fue de admiración, respeto y cariño. No es fácil que te quieran de la manera que me quiere el hincha de la Católica”, asegura Lunari.

¿Cómo nace tu amor por la UC?

“Cuando jugaba en Newell’s Old Boys fuimos a Santiago a disputar un partido de Copa Libertadores y nos quedamos en las instalaciones de Universidad Católica en San Carlos de Apoquindo. Nosotros, que somos de Rosario, estamos muy lejos de las montañas, entonces llegar a San Carlos, ver la cordillera pegada al estadio fue una imagen maravillosa. Además, la cancha de la UC es hermosa, puede ser más chica, más grande, pero es hermosa. El complejo para ese entonces era de primer nivel, las instalaciones igual, la atención de los trabajadores fue espectacular, la comodidad que nos brindaron no la teníamos nosotros en Newell´s y eso fue el primer paso para este amor”.

La impresión de que la UC hace 27 años ya trabajaba como una institución de primer nivel no solo fue de los jugadores “leprosos”. En ese entonces, Newell´s era dirigido por Marcelo Bielsa, quien, en palabras del “Cadi”, quedó sorprendido por el alto nivel de infraestructura que tenía San Carlos, y que incluso llevó al “Loco” a decir que “algún día le gustaría dirigir a la Católica”.

El mismo año que Lunari llegó, la UC jugó la final de la Copa Libertadores donde enfrentó a uno de los mejores Sao Paulo de la historia, donde jugaba Cafú, Raí, y era dirigido por el mítico Tele Santana. El equipo “no estaba hecho para la Copa, sin embargo, en cada partido nos jugamos la vida”. De hecho, el goleador del torneo fue el delantero Juan Carlos Almada.

La UC ganó el grupo donde se enfrentó al Bolívar, San José y Cobreloa. Luego, dejó en el camino a Atlético Nacional, Barcelona de Guayaquil, y en semis al América de Cali.

¿Cómo fue el gol que le hiciste a Sao Paulo en la final de la Libertadores?
“Son momentos únicos, vi que la pelota rebotó en un defensa, me quedó ahí y fue instinto. Sentí que la pelota tocó el empeine, que iba bien dirigida y que el arquero no alcanzó a llegar. Fue único”.

Además de Newell´s y la UC, Lunari jugó en el Atlas y Puebla de México, Millonarios de Colombia y tuvo pasos por el fútbol de España, Portugal, Venezuela y Bolivia donde conoció y compartió con un sinfín de jugadores.

¿Con qué jugador te entendías mejor en la cancha?
“En Católica yo jugaba bien porque sabía que atrás mío estaba Lepe y Parraguez. Jugar hacia adelante siempre fue fácil porque tenía a Luis Pérez, a Gorosito, Acosta, a la “Vieja” Reinoso, Almada, Barrera, Tudor y Rozental. Para mí siempre fue muy fácil jugar sabiendo que estaba Lepe y Parraguez. Ellos han sido los dos volantes más inteligentes que he visto en mi vida porque sabían sus limitaciones, porque sabían que tenían que quitar a pelota y dársela a los que sabían crear. Teniendo a ellos dos en el equipo me permitió jugar libre, desordenarme, aparecer por cualquier lado de la cancha”.

¿Cuál es tu equipo ideal con jugadores que compartiste cancha?

“Como exjugador y DT me gustan los equipos con formación 4-4-2. Al arco, Norberto Scoponi. Con él salimos campeón con Newell´s en la cancha de Boca Juniors. Como lateral derecho, Andrés “Moto” Romero, Fernando Gamboa (o Sergio Fabián Vásquez), Mauricio Pochettino y por la izquierda Raimundo Tupper. Al medio, Mario Lepe, Nelson Parraguez, Néstor Gorosito y el “Tata” Martino. En delantera, Alberto Acosta y Luka Tudor”.

“Otro jugador increíble con el que compartí cancha fue Sebastián Rozental. Antes de su lesión, era capaz de gambetear a todo el equipo y hacer el gol. Le pegaba tiros libres y eran gol, tenía una técnica única. ¿Te cuento algo? El “Beto” Acosta fue un goleador trabajado. Después de cada entrenamiento, se quedaba 30 o 45 minutos más con alguien que le tiraba centros para perfeccionar sus tiros con la derecha, izquierda, de cabeza, de chilena, de todas las formas posible. Acosta no tiene goles feos, son todos hermosos”.

¿Cuál fue tu mejor periodo en la UC?

“Mi mejor periodo fue cuando volví en junio o julio de 1996 hasta el campeonato que ganamos frente a Colo Colo en 1997, esos fueron mis mejores 12 meses en el club. Me sentía muy bien físicamente, jugaba de forma inteligente, hice 15 asistencias que terminaron en gol y eso fue mucho más importante que los 7 u 8 goles que convertí”.

Para muchos, Lunari tuvo una destacada trayectoria en la UC durante todas sus etapas, sin embargo, no se recuerdan porque no estuvieron ligadas a algún título. “En mi carrera gané cuatro títulos de campeonatos nacionales y tuve la oportunidad de salir un par más pero acá en Chile no pude y sé cuál es la razón: la ANFP. ¿Sabes por qué? Porque en esos años no se le permitía jugar a la Católica en San Carlos frente a Colo Colo o a la U, entonces terminábamos jugando dos partidos más de visita en el Nacional durante los campeonatos. Soy un convencido que, si hubiéramos jugado los partidos importantes en nuestra cancha, hubiéramos ganado más campeonatos”.

¿Cambiarías algo de tu carrera como futbolista profesional?

“Lo único que cambiaría, aunque no me arrepiento porque lo hice por amor a la Católica, es no haber respetado los tres años que tenía de contrato con el Atlas de Guadalajara cuando Bielsa era el entrenador del equipo. Ese año, en 1995, (Manuel) Pellegrini me llamó y me dijo que yo era el 8 que la UC necesitaba. En ese momento me olvidé de todo y solo quise volver lo antes posible a San Carlos”.

Del «Mumo» a la actualidad

¿Cómo recuerdas a Raimundo Tupper?

“Cuando muere alguien, siempre se dice que era buena persona y que todos lo querían, pero te puedo decir con propiedad que Raimundo era una persona especial. Era un tipo distinto, callado, pero a la vez tenía su humor, no era egoísta, era muy inteligente, ávido lector y preocupado por todo y todos. Te voy a decir algo: Cuando alguien del equipo hacia un gol, el primero en llegar para felicitarlo era Raimundo. Nosotros no sabíamos que tenía depresión, quizás algunos jugadores del equipo sí, pero cuando se ausentó de algunos entrenamientos se nos dijo que tuvo un problema intestinal y que tuvo que ser operado”.

En el viaje a Costa Rica para jugar la final de la Copa Interamericana frente al Saprissa, Lunari recuerda que en el avión iba sentado junto a Mario Lepe y que ambos notaron que el “Mumo” estaba “en su propio mundo”. “Lo miramos y nos empezamos a reír. Él se dio cuenta y nos preguntó que qué nos pasaba y siguió leyendo”. En ese viaje, “Raimundo realmente estaba en otro mundo, no sabíamos en qué podía estar pensando. De haber sabido lo que le pasaba, quizás habríamos estado más atentos. En ningún momento él evidenció que tenía depresión”.

¿Cómo ves a la Católica actual?

“La UC a nivel nacional no tiene comparación, está un escalón grande por sobre el resto, pasa por arriba de todos. Puede jugar horrible y gana igual, el plantel es tan competitivo que a lo sumo puede perder uno o dos partidos al año. En este momento no es un mérito para la Católica salir campeón del torneo nacional”.

¿Y a nivel internacional?

“No hay un traspaso al ámbito internacional de lo que se hace en el torneo nacional. La Católica tiene un director técnico que me gusta mucho, tiene una forma de ver el fútbol, de presionar arriba y de ser agresivo que me gusta porque lo hace ser protagonista. (Holan) entiende cómo tiene que jugar Católica, pero a la vez me desconcierta que en Porto Alegre frente al Inter por la Libertadores haya cambiado todo su planteamiento. Se vio un equipo timorato, dubitativo y que no pasó la mitad de la cancha en 70 minutos. El hincha cruzado está esperando que el equipo enfrente la Libertadores con otra actitud, de otra manera. No es anormal perder 3-0 en Brasil. Se puede perder, pero atacando, desbordando, mostrando agresividad, llegando al área rival, o porque me pillaron mal parado después de un córner, pero no perder como contra Inter donde solo nos defendimos. Para ganar la Copa Libertadores hay que armarse con jugadores de selección”.

“No he tenido la posibilidad de volver”

Lunari ha recalcado desde siempre que se siente muy identificado con los colores de la UC. No oculta su amor por la franja, celebra los triunfos, se fastidia con las derrotas, pero siente que tiene una espina clavada y que no lo deja en paz.

“Me ha lastimado durante mucho tiempo no haber tenido la posibilidad de trabajar para Universidad Católica. No digo dirigir al primer equipo, esto no pasa por la plata, simplemente no he tenido la oportunidad de entregar mi experiencia a un club de quiero tanto. Todos los presidentes que ha tenido la UC desde el 2000 en adelante dicen que tengo las puertas abiertas del club y que tengo que trabajar ahí, pero nadie me ofrece nada. Solo falta que me digan que me quieren allá para presentarme y ponerme el buzo con el escudo de la Católica”.

Y las palabras del “Cadi” toman mayor razón cuando vemos que las series menores o el trabajo de coordinación en Cruzados ha estado o está a cargo de referentes de la institución como Andrés Romero, Nelson Parraguez, Mario Lepe, Cristián Álvarez, Milovan Mirosevic, Patricio Hormazábal o Arturo Norambuena. “Llevo 22 años esperando el llamado de Católica, pero sé que algún día volveré”.

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