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Tomar el control

Cuando se me presentó la oportunidad de escribir esta columna, lo primero que pensé fue sobre lo hermoso que significa escribir acerca de algo que me apasiona tanto, como lo es el fútbol y la Universidad Católica.

Sin embargo, no imaginé lo difícil que sería escribir algo que te genere dolor o te lleve a un lugar donde la tristeza inunde el espacio en el que te encuentras.

Hoy es ese día, el día que te deja sin palabras, el día en que un ídolo se vuelve eterno.

Kobe Bryant

Kobe Bryant (1978-2020) y su hija Gianna Bryant (2006-2020)

Para muchos de mis amigos es conocido, para otros tantos no, pero desde 1999 aproximadamente que tengo una segunda “pasión”. Esa segunda pasión es el basquetbol, en particular la NBA. 

En aquellos tiempos, ya con algunos años consumiendo televisión por cable, para mí era una novedad absoluta ver programas gringos, dibujos animados, deportes, música, películas y un sinfín de etcéteras.

Fue en la cadena de deportes ESPN donde, junto con mi hermano, nos inspiramos inmensamente viendo a Los Angeles Lakers, equipo donde relucían sus estrellas Shaquille O’Neal y Kobe Bryant.

Era de las primeras veces que veíamos NBA, y lo hacíamos de una manera absolutamente hipnotizante. Ver aquellos partidos era maravilloso, las jugadas, los campeonatos ganados y la manera de como vapuleaban a sus rivales, el “Show”.

Tanto Kobe como Shaq se transformaban en verdaderos héroes. Aún tengo algunos VHS guardados en la casa de mis papás que muestran las maravillas que estos dos realizaban. Sin lugar a dudas, fueron la razón del porque hoy tenemos ese gusto por este lindo deporte.

Llegó un día, 26 de enero de 2020 para ser más preciso y la noticia ya daba vueltas alrededor del mundo. Una noticia que al día de hoy, mientras escribo esta columna aún no termino por digerir. Kobe Bryant nos ha dejado, él junto a su pequeña hija ‘Gigi’, quien amaba al basquetbol tanto como su padre, y otras siete personas más.

Ha sido una de las noticias más fuertes que me ha tocado recibir, considerando que fue una persona absolutamente ajena a mí. Esto, ya que física, geográfica y emocionalmente lo fue, no era alguien con quien tuve algún contacto alguna vez en la vida. Sin embargo, hago una pausa y pienso que no fue tan ajeno como creo, sino más bien más cercano que lo que quizás otras personas lo son para mí.

Y es eso lo que te entregan tus ídolos, una extraña sensación de tenerlos cerca, pensar como ellos o incluso querer ser como ellos. Eso fue Kobe Bryant para mí, y puedo apostar que para mi hermano aún más.

Kobe, sin miedo a equivocarme, es de aquellas súper estrellas que siempre tienen los pies bien puestos sobre la tierra, aquellas estrellas que uno efectivamente siente muy conocido, aquellas estrellas de las cuales cobran sentido sus palabras al momento que son consultados acerca de su receta para el éxito.

Para Kobe, fue simple, solo debes seguir su lema: “Ama lo que haces”.

Simplemente Mumo

Raimundo ‘Mumo’ Tupper (1969-1995)

Lo ocurrido el pasado domingo 26 me trasladó directamente a 1995, donde si bien yo era un niño, logré entender perfectamente que era lo que ocurría.

La noticia llegaba desde Costa Rica y sin duda fue una que muchos hinchas Cruzados y del fútbol en general, jamás imaginaron recibir. Raimundo Tupper había fallecido. Lo que sí me costó entender fue qué es lo que había ocurrido y por qué. Lógicamente, uno como hincha nunca entenderá del todo aquellas situaciones, somos personas y somos vulnerables a un entorno y tratamos de lidiar con nosotros mismos.

Para muchos que no lo conocieron, el ‘Mumo’ fue de aquellos futbolistas que al mirarlos, notas de inmediato que no fueron preparados para ser futbolistas, me refiero a que el destino le tenía preparado otro camino, pero este se dejó llevar por su corazón.

El ‘Mumo’ fue un jugador ejemplar. No está demás decir que durante su etapa como futbolista profesional jamás vio la cartulina roja, ni tampoco se le vio hablando mal de algún compañero de profesión, reconocimiento hecho por sus mismos colegas.

Por otra parte, siempre mostró habilidad con el balón en los pies, y es que a pesar de ser diestro se comió la banda izquierda a lo largo de su trayectoria como futbolista.

Como olvidar ese hermoso gol a Colo Colo en el Estadio Nacional, justamente desde ese lado de la cancha, clavando la pelota al ángulo luego de pegarle con el borde interno de su pie derecho. Un ‘GO-LA-ZO’.

Muchas personas que lo conocieron no dudaban en declarar que el Mumo no solo era correcto dentro de la cancha, sino que fuera también.

Bien conocida fue su pasión por la lectura, la música y la cultura. Por otra parte, siempre mostró interés por temas como la injusticia social y la pobreza. El ‘Mumo’ fue distinto, y quizás eso es lo que lo llevó a convertirse en el ícono que es hoy, sobre todo para los hinchas de la Universidad Católica.

El día de su funeral, era tal la cantidad de personas que querían despedirse de él que tuvieron que habilitar el estadio San Carlos de Apoquindo para realizar aquella tan triste ceremonia, despidiéndose como solo unos pocos lo saben hacer, en el lugar donde fue muy feliz junto a las personas a las que hizo muy feliz.

Además, con posterioridad se le homenajeó con una cruz clavada a solo metros del estadio, en un sitio privilegiado, para así poder ver cada fin de semana al club de sus amores.

Hoy por hoy, a cada pequeño niño que entra a las inferiores del club se le empapa con la historia del ‘Mumo’, como una especie de ritual que busca impregnar a cada jugador con los valores que aquella tamaña figura representa, algo que muchos hinchas también valoran a sobre nivel. Y es justamente eso lo que, muy probablemente, buscó el ‘Mumo’ a lo largo de su vida como jugador. Es cierto que se fue muy joven, pero imagínense lo que hoy representaría el ‘Mumo’ en el mundo como el actual. 

Lo que me inspiró a escribir estas palabras es justamente lo que un ídolo mayormente transmite al convertirse en eterno, ir tras su legado y no permitir que este desaparezca.

Tanto el Mumo como Kobe tenían una misión y la consiguieron. Es responsabilidad nuestra perpetuarlos hasta la eternidad.


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