El portero José Quezada, formado en Palestino y que jugó en el cuadro árabe desde 2009 hasta 2015, actualmente vende limones y paltas en la feria de Lo Valledor desde junio del año pasado.

Su último club fue Cobreloa en 2019 y desde ahí no ha tenido la suerte de reencontrarse con el fútbol. Con 30 años, Quezada aseguró que estuvo cerca de tener depresión y que siente que puede dar mucho más.

La falta de oportunidades y el cansancio de tocar puertas y puertas y n recibir respuestas lo tienen cansado. “Si no me encontrara con condiciones, me dedicaría a otra cosa. Pero creo que estoy en la mejor edad para un arquero. Siento que puedo dar mucho más”, sostuvo Quezada.

Por ahora, el portero entrena por cuenta propia y trabaja en la feria de Lo Valledor. “Estoy en el local de un primo, que me dio la opción de venir. También está mi papá, de toda una vida aquí”.

Y añade: “Acostumbrarse a los horarios, que significa levantarse a las 3, 4 de la mañana, es diferente. Uno siempre tiene que reinventarse, porque es joven y puede hacer varias cosas”.

¿Qué tan duro ha sido este periodo sin fútbol?
Estar lejos, fuera de las canchas, es complicado. A principios de año, cuando te llaman de clubes, que te quieren, y después se caen las negociaciones, duele. Uno se reprocha varias cosas. Estuve mal, casi cerca de estar con depresión, no querer salir de la casa. Pero con la ayuda de mi familia, mis papás, salí adelante. No vivo mal, así como que nos falte el pan. Aunque uno dice ‘¿por qué a mí?’.

¿Trabaja con representante?
No. Yo creo que eso ha sido una parte que me ha costado. Tuve un representante que se portó muy mal conmigo, y yo nunca le hice nada. De ahí que me costó el doble. Cuando no estás en competencia, como que nadie te pesca.

¿Por qué dice que su ex agente lo trató mal?
Hizo cosas que no sé por qué las hizo. Después me bloqueó el teléfono. Lo fui a buscar a su casa para que me dé una explicación, y nada. Me dejó botado.

¿De qué clubes fueron los últimos acercamientos?
Después de terminar en Cobreloa, me llamaron de tres equipos. Hablé hasta con el preparador de arqueros de uno de ellos, que me conoce de chico y que me quería. Pero resulta que a las dos semanas, uno esperando con la ilusión, llegó un arquero x que lo manejaba el mismo representante que tenía el técnico. Esas cosas me han pasado mucho, y al final duele. También pude ir a Segunda División, pero por el tema de los cupos fue difícil.

Claro, porque ahí está la regla del Sub 25…
Sí. He tratado de hablar con Luis Marín sobre la regla para comentarle que hay muchos jugadores en mi posición que quieren una oportunidad. Así les acortan la carrera a varios. Es una forma de vida. Uno recibe un sueldo, pero no todos son millonarios. Uno necesitaba trabajar. ¿Pensar en el retiro? A los 30 años, es duro pensar en eso. Si resulta algo para este campeonato, bien. Si no, tendré que dar un paso al costado.

¿En qué cree que falló para que esté pasando una situación tan complicada?
Hay varios motivos, pero no quiero echarle la culpa a nadie. Es mala suerte, no tener un representante o de repente un técnico que confíe en ti. Eso es fundamental. Yo solo pido que alguien confíe en mí, nada más. Soy bueno para entrenar, responsable, el primero en llegar y el último en irme. Me quedo tranquilo con la sensación de cuando me tocó jugar en los equipos que estuve. Jugué en Primera División, después en Magallanes fui titular e hice buenas campañas y el CDF me eligió como uno de los tres mejores arqueros del torneo. Si fuera malo, yo me retiro.

En algún momento dijo que su salida de Palestino le puede haber afectado y también reconoció que peleó con Pablo Guede. ¿Qué pasó específicamente?
En ese tiempo, yo jugaba, alternaba, lo hacía bien. Y sucedió eso con el técnico, y en Palestino, donde estuve desde los 12 años, me cerraron las puertas. Prácticamente me tuve que ir por la ventana. Salí mal. Hice cosas que no debí, pero no es el problema. En Palestino yo defendí a un colega que creí que era mi amigo, y por él yo me peleé y terminé saliendo. Ahora él se hizo técnico y cuando lo llamé para pedirle una oportunidad, me cerró las puertas mal. Es duro. Me di cuenta de que son muy pocos los amigos que hay en el fútbol.

Y saliendo de ese caso, la gente que usted consideraba amiga del fútbol. ¿Lo ha apoyado o le ha dado la espalda?
Cuando tú estás bien, todos te llaman y te golpean la espalda. Pero cuando estás del otro lado, son pocos. Nadie te llama. De los que fueron mis compañeros, solo Renato González (San Marcos de Arica) me ha apoyado, me ha llamado, y siempre ha estado para ayudarme. 

¿Se siente decepcionado?
Mmm, no. Solamente del fútbol. La gente me dice que ‘qué lindo es el fútbol, me gustaría ser futbolista’, pero yo les digo que ‘sí, es bonito, pero solo los domingos’. No saben todo lo que se vive dentro del rubro.

¿Cómo es su nueva rutina?
Me levanto a las 3.30 de la mañana y a las 5 ya hay que estar trabajando en la feria. Veo si alguien quiere limones o paltas, vendo, tengo que hacer entregas como una especie de flete, y ahí me voy ganando mis propinas también. Cuando me dieron la primera, fue algo nuevo (ríe). También hago boletas y facturas electrónicas.

¿Qué le ha dicho su familia de esta etapa alejado del fútbol?
La familia es lo más importante. Mis papás me dicen que no me achaque, que todo pasa por algo. Siempre te quieren ver bien. No se toca mucho el tema (del fútbol), pero me apoyan en lo que sea.

¿Su forma de ver la vida cambió en algo?
No, porque uno va conociendo diferentes realidades. De chico siempre tuve en mente el sacrificio en lo que hiciera. Soy bueno para la pega. Lo que haga, trato de hacer lo mejor posible. Estuve mal, pero la feria me sirvió para distraerme, porque uno allá tira la talla. Uno la pasa bien y se despeja.

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Créditos información: As Chile

Créditos imagen: Publimetro

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