Imagen de David Bisconti

Con 28 años, David Bisconti, un desconocido delantero para el fútbol nacional, llegaba desde Japón para hacerse cargo del ataque de la Universidad Católica para lograr lo que todos querían: El título.

La venía de Alberto Acosta fue esencial para la rápida adaptación de David Bisconti a la UC y al fútbol nacional. A punta de goles, entrega y pasión, se ganó el amor y respeto de la parcialidad cruzada rápidamente. La dupla letal que conformó con el ‘Beto’ lo convirtió en leyenda y hoy, a pesar de estar alejado de la pelota y preocupado del campo y la agricultura, recuerda su paso por la UC.

El debut en Rosario y el recuerdo de un penal

A los 16 años, y proveniente del interior de Rosario, David Bisconti llegó a las inferiores de equipo ‘Canalla’ donde debutó en el profesionalismo. Su periplo en el mundo del fútbol comenzó ahí, rodeado de grandes jugadores que lo hicieron perfeccionarse en cada entrenamiento para sobresalir y triunfar. Y lo logró.

“Todo fue muy rápido. Desde Murphy, el pueblo donde crecí, llegué a las inferiores de Rosario Central a los 16 y dos años más después debuté en el primer equipo. Compartí vestuario y equipo con Juan Antonio Pizzi, José Chamot, Edgardo Bauza y mi carrera comenzó a ser vertiginosa. Murphy es un pueblo chico pero han salido jugadores exitosos como Mauricio Pochettino, Paulo Gazzaniga, hoy segundo portero del Tottenham Hotspur, Leandro Desábato y Juan Pablo Caffa”.

En 1992 durante un partido contra Platense, tuviste que jugar de arquero luego de la expulsión de Roberto Bonano y atajaste un penal. ¿Qué sentiste?

 “Uno o dos días antes de los partidos, en los entrenamientos preparábamos las jugadas de pelota parada y jugábamos un ‘picado’. Yo me ponía el buzo y los guantes de arquero y me ponía a atajar. El día del partido, cuando el técnico ya había hechos los tres cambios y a 10 o 15 minutos del final, el árbitro cobró penal a favor de Platense y Roberto Bonano salió expulsado. Pedí los guantes y esperé el lanzamiento. En el primer tiempo, Darío Scotto ya había marcado de penal, entonces lo esperé y por fortuna atajé. De igual forma ese partido lo perdimos, jajaja”.

¿Qué técnicos te marcaron?

“Fueron tres porque tenían el mismo pensamiento que tengo yo sobre el fútbol. el primero es Ángel Tulio Zof, luego Alfio Basile y Fernando Carvallo. Todos ellos tenían la misma forma de ver el fútbol”.

El sueño de la Albicelete

“Cuando debuté en la Selección de Argentina en 1991, durante la época de Alfio Basile, la mayoría éramos jugadores locales reforzados con tres o cuatro que jugaban en el extranjero. Hoy es todo lo contrario. En mi época era muy competitivo el fútbol argentino. Vestir la camiseta de la Selección fue lo más lindo que me pasó en el fútbol. Ese año, tenía 21 y jugué un partido contra Brasil ocupando la mítica 10 de Diego Armando Maradona, y encima marqué un gol. Fue tremendo. Lamentablemente, por una lesión no pude jugar la Copa América que se jugó en Chile y donde Argentina salió campeón”.

La experiencia en el incipiente fútbol de oriente

A pesar de la milenaria cultura japonesa, el fútbol es uno de los deportes más recientes en la tierra del sol naciente. Y no fue hasta comienzos de los años 90 cuando algún iluminado japonés supo que el deporte más famoso del mundo necesitaba un empuje de profesionalismo para poder crecer.

Así, en 1992 debutó la liga profesional con jugadores poco formados técnicamente, pero con las ganas de superación que solo los japoneses conocen. El proyecto a largo plazo contaba con la participación de jugadores llegados de Sudamérica y Europa, y David Bisconti fue uno de los elegidos para aportar un grano de arena.

Jugaste varios años en Japón cuando el fútbol estaba recién dando sus primeros pasos. ¿Qué te sorprendió, en esa época, del fútbol y la cultura japonesa?

“Cuando me contactaron para ir a jugar a Japón, fue raro porque los jugadores que salían eran para ir a México o Europa. Me hablaron del proyecto, del profesionalismo de la liga y decidí a vivir esa experiencia. Cuando llegué en 1993 al Yokohama Marinos, me di cuenta de que el trabajo realizado era de primer nivel. Ellos buscaban jugar un mundial y su proyecto era a largo plazo. En 1994 no pudieron participar, pero sí en Francia 98 y de ahí hacia adelante han estado presentes en todos los mundiales. Profesionalizaron la actividad creando la segunda e incluso una tercera división”.

La estadía en Universidad Católica

A pesar de que David Bisconti solo jugó 1 año y medio en Chile, tiene un arraigo único con esta tierra. Su segunda hija es chilena y uno de los momentos más hermosos de su carrera lo vivió aquí, en la UC. “Es muy fuerte la conexión que tengo. Venía de cuatro años de vivir en Japón donde la cultura es muy distinta, y llegar a Chile fue lo mejor. Gané un campeonato y fui goleador con 15 anotaciones”.

¿Qué recuerdos tienes de Universidad Católica?

“Tuve la oportunidad de ir a la Católica cuando Sergio Fabián Vásquez era parte del equipo y por esas cosas del fútbol no se dio aunque siempre me hablaron bien del club, del orden y de la prolijidad que tenían para trabajar. En 1996, fui compañero del ‘Beto’ Acosta y del ‘Pipo’ Gorosito en el Yokohama Marinos de Japón, y me convencieron que firmara en la UC. Llegué con Acosta el ’97 y nunca dudé en tomar esa decisión. Aparte el ‘Beto’ me comentó como era la institución y ya sabía a lo que iba a llegar. Al llegar a Católica afiancé mi amistad con él, además me reencontré con Ricardo Lunari y Caté. Todo lo que me dio la UC lo devolví dentro de la cancha”.

¿Cómo recuerdas la campaña de 1997, donde saliste campeón con la UC y donde fuiste al goleador con 15 anotaciones?

 “La final contra Colo Colo en el Estadio Nacional, donde ganamos 3-0, fue de un disfrute muy grande por todo lo vivido durante los últimos seis meses donde peleamos codo a codo y porque la Católica venía de 10 años sin ganar un campeonato. Celebramos con los hinchas, lo de esa noche fue una sensación inolvidable”.

¿Cómo se vivían los momentos previos a los partidos?

“Fueron seis meses muy intensos. Salimos campeones e hicimos una muy buena Copa Libertadores. El cuerpo técnico que comandaba el profesor Fernando Carvallo supo llevar muy bien toda la presión que sentía el equipo. Teníamos una cábala que era que cada vez que jugábamos de local, íbamos al cine. Además, el camarín era muy unido. Nelson Tapia ponía la alegría y la música, pero dentro de todo fuimos muy responsables de lo que nos tocaba vivir”.

¿Cómo se gestó esa caminata a la virgen del Cerro San Cristóbal con Alberto Acosta?

“Cuando llegamos a Chile desde Japón, el ‘Beto’ venía con la espina de no haber podido salir campeón con Universidad Católica a pesar de hacer torneos maravillosos. En una de las tantas conversaciones, me dice que tiene que hacer la promesa de que, si salíamos campeones, iríamos hasta la virgen del cerro caminando desde nuestras cosas. Le dije ‘ok, te acompaño’, así que después de la final del ’97, al otro día nos levantamos temprano y cumplimos la promesa. Lo mejor fue que en el trayecto, muchos hinchas nos fueron acompañando”.

Podrías hacer un 11 ideal con todos los jugadores con los que compartiste cancha

“Al arco Nelson Tapia. En defensa, pongo por la derecha a Hernán Díaz, al centro Javier Margas y Masami Ihara, y por la izquierda José Chamot. En el mediocampo, Gustavo Zapata, Néstor Gorosito, Ricardo Lunari y yo.  En delantera, Alberto Acosta y Ramón Díaz.

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