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El pasado martes 3 de marzo del 2020, la Universidad Católica hacía su presentación en la Copa Libertadores de América en su versión 2020.

Para muchos de nosotros, lo que se aproximaba se pudo prever desde hace mucho tiempo. La UC cayó inapelablemente en el estadio Beira Rio de Brasil ante el poderoso Internacional de Porto Alegre.

La historia parece repetirse: La combinación es perfecta para que el marcador termine así de abultado y en contra de nuestro equipo. No es que quiera ser pesimista, pero este tipo de actuaciones no hacen más que acostumbrarnos a no esperar mucho de nuestro querido club, ni mucho más tampoco.

Es cierto, siempre existirá la esperanza de repetir alguna presentación pasada que tanto nos haya hecho celebrar. Claro es que tampoco es que vivamos del pasado y tampoco que hayamos tenido muchas alegrías internacionales, pero las que fueron siempre servirán para entender lo lindo que es avanzar etapas en el torneo de clubes más importante del continente.

La Copa Libertadores es un torneo relativamente nuevo. En 1960 se realizó su primera versión con un formato muy distinto a lo que es hoy. A mi gusto, no hay ningún torneo que supere en intensidad a la Libertadores. Nos podemos encontrar con equipos pequeñísimos, de países más débiles futbolísticamente que terminan siendo durísimos, sobre todo en calidad de local.

Algo que me llama mucho la atención es que ningún equipo tiene garantizada su clasificación a fases eliminatorias, es decir, desde octavos de final hacia adelante. ¿Por qué lo digo así? Es que incluso los clubes más poderosos del continente les toca sufrir o al menos extremar sus recursos para lograr la clasificación: Si pestañeas, pierdes.

2011, una linda historia

Los viajes, el clima, la calidad del campo de juego, los estadios, las hinchadas y hasta el arbitraje son algunas de las dificultades que nos podemos encontrar en este torneo. Sin embargo, y desde ya hace algún tiempo, a esas le podemos agregar ser chileno. Y es que es verdad, no solo la UC se ha mostrado débil respecto a sus rivales internacionales, si no que cualquier equipo nacional que se presente en este torneo.

Entonces, nos toca preguntarnos qué es lo que ocurre, ¿Qué le pasa a la UC en la Copa Libertadores? El año 2011 fue un año especial para la UC en este escenario. El club venía de ser campeón local después de algunos años sin abrazarse y el plantel estaba consolidado bajo las órdenes de Juan Antonio Pizzi. Si bien el debut fue en Santa Laura frente a la Unión Española, que venía de superar las fases iniciales del torneo, el partido más recordado y que además comenzó al despertar ese apetito libertador del hincha cruzado fue la victoria por 4 goles a 3 en el estadio argentino José Amalfitani de Vélez Sarsfield.

Los once de la UC para aquel partido fueron Toselli al arco, Hans Martínez, David Henríquez, Parot y Eluchans en defensa, Meneses, Ormeño, Costa, F. Gutiérrez en el mediocampo y Lucas Pratto y R. Gutiérrez en delantera. Aquel partido lo comenzó ganando el equipo franjeado con un gol al minuto de juego de Pratto, pero pronto vendría la reacción del local y antes de terminar el primer tiempo ya iban ganando por 3 goles a 1.

Comenzaron a aparecer los fantasmas de siempre, entre la mala fortuna, las desinteligencia y el poderío del equipo local, hacían creer que aquella noche sería una para guardarla en el rincón del olvido. La historia cambió y si bien durante gran parte del complemento la UC atacaba y atacaba buscando el descuento, no fue hasta la casi media hora del segundo tiempo cuando Tomás Costa conectó con un derechazo a 30 metros el arco defendido por Barovero y anotó lo que sería el descuento, dejando el marcador 3 a 2.

Se abría la ilusión cruzada que llegaría a pocos minutos del final con un remate de Pratto dentro del área, luego de recibir el balón con un control dirigido que le dejó la pelota lista para la estocada y empate en el marcador. El gol de la victoria final fue de un joven Francisco Pizarro que luego de un estupendo contragolpe, el cual el mismo Pizarro lo comanda abriendo el espacio con Felipe Gutiérrez para que este le entregase el balón a Marcelo Cañete quien con una exquisita técnica pasó la pelota en medio de los centrales para que el “Conquistador” sin ningún tipo de miedo le picara el balón al portero sentenciando el 4 a 3 final ya con el tiempo agregado a nuestra merced.

Ahogo y desahogo Vinotinto

El triunfo en Argentina hacía volver al equipo con la moral muy en alto y con la ilusión

de que cosas importantes podrían pasar, siempre y cuando siguieran teniendo

este tipo de actuaciones. Lo que ocurriría 6 días más tarde no estaba en la carpeta de nadie, ¿Conocen el concepto “Gol de camarín”? Es cuando se convierte algún gol muy cercano al inicio o al término de la etapa en cuestión, unos 5 minutos como máximo.

Se iniciaba el tiempo complementario en San Carlos de Apoquindo, el marcador estaba 0 a 0 frente al campeón venezolano de la época, Caracas FC, quien entre otras figuras contaba con el conocido arquero que posteriormente llegaría a Colo Colo, Renny Vega. El marcador aún no se abría, el encuentro estaba siendo muy duro, los delanteros del equipo cruzado no pasaban una buena noche y la pólvora ya a esas alturas estaba muy mojada. Se jugaba el 5to minuto del segundo tiempo y Caracas estaba arriba en el marcador por 3 goles a 0, sí, 3 goles en apenas cinco minutos sufría la UC para comenzar a darle, una vez más, la bienvenida a los nunca deseados fantasmas libertadores. A eso sí que se le puede llamar “Gol de camarín”, ya lo saben.

Sin embargo, la reacción del conjunto cruzado llegaría más tarde, y no precisamente en ese partido, que terminaría 3 a 1, si no que 2 semanas después, justamente en Caracas. El equipo necesitaba a como de lugar una victoria y eso fue lo que fueron a buscar a Venezuela. El equipo que paró tuvo algunas diferencias respecto al del último partido en San Carlos. Garcés reemplazaba a Toselli en el arco, Hans Martínez por suspensión dejaba la banda izquierda a Tomás Costa, quien dejaba el centro del campo al Gato Silva. En delantera, Marcelo Cañete tomaba el puesto de Felipe Gutiérrez y José Luis Villanueva el de Pablo Calandria. Pizzi se las jugó y en cada sector del campo realizó una modificación. El resultado final fue un 2 a 0 para los cruzados con goles de sus dos delanteros de aquella noche: “Villagol” y Lucas Pratto.

Quedaban 2 fechas para cerrar la fase de grupos de la Copa, aún quedaba enfrentar a Vélez y a la Unión Española, esta vez en calidad de local. Contra Vélez fue un partido muy duro y cerrado, Pizzi entró a jugar el partido con un solo delantero y la temprana expulsión de Fernández para el conjunto argentino obligó al flaco Gareca cerrar el arco y enfocarse a labores defensivas. El partido terminaría 0 a 0, con ambos equipos obligados a ganar sus próximos encuentros si es que aspiraban a algo más.

Llegada la última fecha la UC se encontraba en el segundo lugar del grupo, con un Caracas empinado luego de vencer a la Unión en Santiago. Un empate le bastaba a la UC para asegurar la clasificación, sin embargo y a pesar de comenzar perdiendo el partido con un gol de Kevin Harbottle, los cruzados buscaron los 3 puntos necesarios para conseguir el primer lugar el grupo, eso siempre y cuando los argentinos vencieran a Caracas en Venezuela. Finalmente, tanto la UC como Vélez ganaron sus respectivos partidos y obtuvieron el 1er y 2do lugar el grupo.

Mucha espera, locura en Brasil

Nueve años tuvieron que pasar para poder volver a ver a la Universidad Católica jugar etapas eliminatorias en Copa Libertadores. La última vez que pudimos vivirlo fue para la versión 2002, donde el conjunto cruzado caería en la tanda de los

penales frente a São Caetano de Brasil en octavos de final, un São Caetano que contaba entre sus filas al volante mixto Marcos Senna, que luego triunfaría con la selección española.

El rival a vencer en esta oportunidad era Gremio. Ya es historia conocida que para cualquier equipo chileno le es muy complicado jugar en Brasil, algunos apelan a la velocidad del juego brasileño, las altas temperaturas, etc. Gremio venía de realizar una correcta pero no sobresaliente fase de grupos, quedando 2dos del grupo tras Junior de Colombia. La oportunidad de seguir avanzando, al menos en el papel, parecía estar cerca.

El partido de ida se realizó en el estadio Olímpico de Porto Alegre, desbordado de hinchas locales y comenzó muy al estilo brasileño, con muchas llegadas por las bandas y apedreando el arco rival, lo que hizo la UC fue aguantar y aguantar los primeros minutos, hasta cuando un “puntete” del Gato Silva pasó muy cerca del arco y prendió las alarmas del equipo local. Avanzaba el 1er tiempo y Cañete se sacó dos jugadores para dejar solo frente al arquero a Lucas Pratto, quien con un certero remate cruzado rasante ponía el 1 a 0 inicial. El empate parcial llegaría en el complemento luego de un remate inflado pero muy angulado de Douglas a unos 35 metros del arco rival. Cerrando el partido, Fernando Meneses le daba un centro como con la mano a Lucas Pratto para que conectara de cabeza y colocara el 2 a 1 final para los Cruzados en Brasil. El partido de vuelta se jugó en San Carlos de Apoquindo, fue un partido con mucha fricción y no fue hasta el minuto 86, donde Milovan Mirosevic, con la número 13 en la espalda, anotó el 1 a 0 que aseguraba la clasificación a 4tos de final. El Milo volvía en el momento preciso, luego de un fallido traspaso al Al-Ain de Emiratos Árabes Unidos.

Fin al sueño libertador

En 4tos de final nos esperaba el multi campeón Uruguayo, Peñarol de Montevideo que venía de pasar una fase de grupos muy dura, con Liga de Quito, Independiente de Argentina y Godoy Cruz, logrando el 2do lugar del grupo. En 8vos de final se enfrentaron al Internacional de Porto Alegre y no les resultó nada de fácil ya que tuvieron que ir a buscar la clasificación a Brasil, luego de empatar 1 a 1 en tierras charrúas.

Con estos antecedentes, la UC prepararía los encuentros entendiendo que los partidos que vendrían serían muy duros y para poder superar aquel rival, el equipo además de demostrar mucho coraje, debía tener un nivel de concentración superlativo. Con un estadio Centenario repleto hasta las banderas, la UC realizaba un correcto partido. Las ocasiones de gol se encontraban de lado a lado hasta el minuto 36, donde luego de un centro sin mucho peligro, Paulo Garcés saltó a capturar el balón y antes de poder hacerlo chocó con Hans Martínez dejando el balón a merced de Olivera para marcar el 1 a 0 inicial. Una desconcentración inexplicable para todos que nos dejaba en desventaja.

La Católica no perdió los estribos, y mantuvo en pie su propuesta inicial, incluso dejando en jaque en más de alguna oportunidad a la defensa de Peñarol y con Garcés retomando el ritmo y volviéndose figura del encuentro. Eso hasta cuando a 2 minutos de terminar el encuentro, un balón inflado al área rebotó en el pecho de Garcés dando involuntariamente con el jugador rival y para su fortuna colocando el 2 a 0 final del partido de ida.

Dos errores que incomprensiblemente se debía llevar la UC a Santiago para buscar ahí la ansiada clasificación a semifinales. Ocho días después, el encuentro en San Carlos de Apoquindo se preparaba para ser una verdadera caldera y así fue. Era de esperarse que el partido comenzara muy friccionado, sin muchas ocasiones de gol, sin embargo, el duelo fue de ida y de vuelta, hasta que Pratto recibió el balón en la entrada del área y descargó con Meneses que venía ingresando solo por la banda derecha donde con un disparo cruzado dejó el marcador 1 a 0 a los 17 minutos del primer tiempo.

El segundo gol tardaba en llegar, hasta que al minuto 68, el pájaro Gutiérrez recibió el balón, aguantó la marca como pocos, giró y pegó un disparo cruzado anotando el 2 a 0, igualando el marcador global.

Era una fiesta San Carlos y de terminar así, los penales definirán qué equipo pasará a semis. La fiesta terminaría para la UC, luego de un centro largo y cruzado que el uruguayo Fabián Estoyanoff conectó con el pie derecho para sentenciar la llave con un 3 a 2 global.

Nunca entenderé qué pasó por la cabeza de Paulo Garcés en ambos partidos y cómo un jugador con tanto potencial pudo errar tan groseramente en tantas oportunidades. El partido se terminó y la tristeza desbordaba el estadio, la gente sin comprender mucho lo que ocurría volvía a sus hogares luego de vivir con la ilusión durante 88 minutos. La Copa Libertadores se terminó en ese minuto para la UC.

La historia se repetía y los fantasmas libertadores volvían a aparecer. La verdad es que no sé qué es lo que le ocurre a los equipos chilenos al jugar copas internacionales. Es cierto, de vez en cuando podemos encontrarnos con algunas buenas actuaciones, pero la generalidad es otra. “La Copa Libertadores es mi obsesión”, es una frase que muchos hinchas dicen y no se sale mucho de la realidad. Llevar una copa como esta a casa resultaría al menos un sueño, un sueño que al menos por estos tiempos se ve muy lejano de conseguir.


2 commentarios

Cristian · 6 marzo, 2020 a las 15:29

Recuerdo el partido contra peñarol, que manera de putear a ese Garces jajajajaajaja

    Felipe Díaz Valenzuela · 6 marzo, 2020 a las 19:05

    Así es! Si bien hay que reconocer que Garces tapó algunas, falló en el momento menos indicado!

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