Selección Chilena

Pena. Esa fue la emoción que tuve cuando terminó el partido. Más allá de la rabia, más allá de la razón, la pena me abrazó y me impidió articular palabra por un buen rato. Una cara triste fue todo lo que pude poner en las redes, porque una imagen dice más que mil palabras. Pero hoy es otro día.

La pena sigue, pero procesada y quizás atenuada por la realidad de la vida. Además, estuve leyendo algunos comentarios y uno me pegó en el alma: «Pase lo que pase, siempre con La Roja». Y eso me devolvió la esperanza.No es que la hubiese perdido, pero regalar puntos en los últimos minutos en dos partidos seguidos es un golpe duro y un viaje al pasado.

Yo crecí viendo a la Selección que quedó última en el viaje a Corea-Japón 2002. Última y perdiendo casi todos los partidos. Fue un crecimiento rudo, en donde Chile «era malo» y todos los triunfos «históricos».

Pero desde el 2007 en adelante me cambiaron a Chile. Chile ganaba, jugaba bien, clasificaba al mundial y deleitaba. Pero lo más importante era que no perdía al final. Eso lo llevó a ser un equipo de jerarquía, temido y respetado en el planeta.Eliminó al campeón del mundo en un mundial y después ganó dos copas seguidas. Era otro Chile, uno sacado de un cuento de ficción que me permitió disfrutar mis veinte con encanto.

Ayer sentí definitivamente y por más que me resistía a creerlo, que el cuento de ficción se acabó. El segundo tiempo volvimos a ser ese Chile deprimido que aguanta un resultado en casa tirando pelotazos. Un Chile que renunció al ataque para guardar un resultado. Un Chile que depende de Vidal y Alexis, como en otro tiempo lo hicimos de Salas y Zamorano. Ese Chile vi ayer y me dio pena, porque creí que eran recuerdos de un tiempo olvidado.

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Y sí, sí sé que teníamos varias bajas y que es un equipo joven, pero duele golpearse con la realidad cuando trataste de negarla por tanto tiempo. Pero aun cuando los resultados estuvieron lejos de los soñados y cuando sacamos un punto que pudieron ser seis, no queda más que seguir apoyando.

Da lo mismo si la Selección no es la de la última década, porque la unidad y la emoción que genera siguen siendo las mismas. Todos pendientes del partido de Chile, todos gritando al mismo tiempo, todos unidos bajo la misma locura. Y llámenme loco, pero si no dejé de apoyar a la Roja cuando salimos últimos el 2002, no la dejaré de apoyar ahora, porque no puedo, porque no quiero, y porque pase lo que pase, siempre con la Roja. Siempre.

#Puntete

Por Puntete

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