“Nuestra ambición es ganar”, así lo afirmaba el capitán del Camas en un torneo disputado en Guadix, un pequeño pueblo de la provincia de Granada, España.

Aquel niño de tan solo 12 años, que ya se aventuraba a hablar con tal determinación ante los micrófonos de Canal Sur, mostraba en cancha cierta dureza que llamaba la atención. Ya era poseedor de un juego aéreo envidiable.

A pesar de su edad, el lateral del Camas sorprendía a los periodistas que cubrían este torneo local, pero más aún, a sus rivales. A punta de versos, arengas en cancha y una que otra falta amañada, ya comenzaba a intimidar a los delanteros de los equipos rivales. “Les causaba terror”, recuerda su entrenador.

Inicialmente, jugaba como lateral derecho, pero en esa posición, su técnico sentía que perdía el liderazgo, así que de vez en cuando lo usaba como defensa central, para que sus gritos contagiaran y motivaran a todo el equipo.

Así se dio a conocer el nombre de Sergio Ramos entre los equipos juveniles; un jugador potente, con mucha velocidad y gran cabeceo, y aunque técnicamente no era superdotado, su ímpetu demostrado lo llevó a ser fichado a los 16 años por el Sevilla, equipo al que deseaba llegar, así lo expresó en aquella entrevista con Canal Sur, cuando apenas era un “chaval”.

Desde su llegada al Madrid en 2005 y con 19 años, Sergio Ramos supo ganarse un lugar en el equipo, aunque sin mayores éxitos en sus primeras temporadas, ya que por aquella época todo lo dominaba el Barcelona de Frank Rijkaard, sin embargo, tuvo los méritos suficientes para vestir La Roja del equipo nacional. Allí, Ramos comenzó a escribir otra parte de su historia: conquistó las Eurocopas de 2008 y 2012, además del Mundial de Sudáfrica 2010, y hoy por hoy, es el jugador con más partidos vistiendo la camiseta española con 170 juegos, superando a su excompañero del Madrid, Iker Casillas.

«Los grandes líderes tienen una seguridad que, de un modo que desconozco, la mente le transmite al cuerpo”. Así describió a Sergio Ramos en una ocasión el argentino Jorge Valdano.

Pero hay otros que tienen un discurso más corto y no tan halagador sobre el capitán del Real Madrid; “carnicero” o “mala leche”. El sevillano en ocasiones peca de soberbia y abusa de esa dureza que desde niño ha usado como arma para enfrentar contrarios. Muchos recordaran la lesión que le provoco al egipcio Mohamed Salah en la final de la Champios League de 2018, donde, con una disimulada llave, lanzó al delantero del Liverpool al suelo, sacándolo del partido y con riesgo de perderse el mundial en Rusia.

Dueño de un anti récord, al ser el jugador con más expulsiones en España, el No. 4 del Madrid no descansará hasta dejar escrita su leyenda con los números más altos que pueda alcanzar. Incluso, después de que La Liga se reanudara el pasado fin de semana, Ramos anotó el segundo gol en la victoria 3 a 1 frente al Eibar, y, ahora, quedó a tan sólo una anotación de convertirse en el defensa más goleador de la historia de la liga española, registrando 67 dianas, ¡un barbaro!.

Ahora, el ex Sevilla busca extender su contrato dos años más con Florentino Pérez, tiempo suficiente para cerrar una historia de odios y amores con los fanáticos del fútbol.

Lo cierto es que a Ramos se le puede calificar de carnicero, bautizado así por los egipcios, sin embargo, no es cualquier carnicero, aquel niño del Camas que causaba terror, ahora es una leyenda de la “Dinastía Blanca” y del mismo fútbol español, pues levantar tres orejonas consecutivas como capitán, será un hecho difícil de igualar.

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