Resulta muy, y cada vez más difícil, encontrar en el fútbol actual un jugador que pueda influir tanto en el rendimiento de su equipo como lo hace Sergio Ramos en Real Madrid, por cierto, el equipo más ganador del mundo.

Mucho más aún considerando que es defensor, es decir, en un puesto más destructivo que constructivo, del cual surgen jugadores de un perfil más bien rústico que creador y menos aún definidor de partidos; Ramos las tiene todas.  

Cabecea en las 2 áreas con daño, recupera con autoridad, distribuye con calidad, capitanea y lidera la zaga y al equipo entero, marca goles en cantidad e importancia. Lo tiene todo, me atrevo a decir que ningún defecto relevante y que no existe un jugador más completo que él hoy por hoy.

¿Qué si su exceso de violencia al defender o la falta de ética deportiva para con algunos de sus rivales es un motivo para reprochar su profesionalismo? Absolutamente no. No me imagino muchos más jugadores más profesionales que él.

Es cosa de seguir su carrera, su palmarés individual y colectivo, sus números y el estado físico que posee a sus 34 años, donde sigue jugando y rindiendo al máximo nivel.

Y sobre la maña, agresividad y violencia que a veces emplea al jugar, es parte del perfil de defensor que un equipo ganador necesita. A mi dénmelo, sin ningún ápice de duda, en mi 11 ideal de la última década.   

Ódienlo o idolátrenlo, al que menos le importa es al bueno de Sergio, que ante los haters se revela y contra la adversidad se engrandece a su máxima expresión mientras sigue construyendo su legado, extendiendo su leyenda al mismo tiempo que ganó todo lo posible y logró posicionarse como uno de los mejores centrales de la historia, le guste a quien le guste, al nivel de Beckenbauer, Pasarella, Figueroa, etc.

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