Columna de opinión: “La Leyenda de Ben”

De madre chilena, el pequeño Ben creció sabiendo que estaba en cuna de leyendas y que algún día él podría escribir la suya.
Ben Brereton Argentina vs Chile

Ben nació en Stoke-on-Trent, una ciudad de 200.000 habitantes. La ciudad la conforman 6 pueblos e historia tiene. De madre chilena, el pequeño Ben creció sabiendo que estaba en cuna de leyendas y que algún día él podría escribir la suya.

En algunas plazas de la ciudad se ve el busto de Edward John Smith, el capitán del Titanic, y Ben aprendió los valores del liderazgo y la lealtad hasta el final. En otras calles, se encuentran los grafitis con la figura de Stanley Matthews, eterno futbolista inglés y ganador del primer balón de oro de la historia y nuestro Ben supo desde chico que estaba llamado para cosas grandes.

Con altura considerable, fuerza europea y choreza ‘sudaca’, se hizo un espacio en el fútbol inglés. Jugó, metió goles y la rompió en todas las inferiores. Eso le sirvió para que lo llamarán a la selección inglesa juvenil y con el escudo británico se coronó campeón del Europeo Sub-19. La ciudad de las leyendas comenzaba a escribir una nueva.

En los recorridos de Ben por las apacibles calles de su tierra, pasó por los murales de Lemmy Kilmister, fundador, líder y bajista de la eterna banda Motörhead. Bajo sus notas aprendió que la vida hay que rockearla con pasión y que en la cancha se juega como se vive.

Un día sonó el teléfono y del otro lado escuchó español. Estaba llamando Chile. La tierra de su madre revivía desde las entrañas de sus venas y lo invitaba a una nueva oportunidad: jugar por La Roja adulta. Él lo pensó, sin duda, pero decidió lanzarse a la aventura. Quizás emulando los pasos de la vertiginosa vida de Slash, guitarrista de Guns N´Roses y otra de las leyendas icónicas de su ciudad. Ben decidió ser el capitán de su propio Titanic, fundar su banda de música, guitarrear las fronteras de los océanos y salir en búsqueda, por qué no, de su propio balón de oro.

Su infancia lo preparó para ese momento y cruzó el charco para calzarse la camiseta roja del país de su madre. La familia completa lloró de orgullo. Llegó a Chile y se encontró con otra realidad. Santiago no es Stoke, y acá las leyendas eran otras. No necesitó recorrer la ciudad para compartir con Claudio Bravo o Gary Medel. No fue necesario encontrarse grafitis de Charles Aránguiz o Mauricio Isla. No tuvo que deslumbrarse con las historias de Alexis Sánchez o Arturo Vidal. Ben llegó a convivir con leyendas y con el sueño de comenzar a escribir la suya.

La vida le regaló la opción. Debut en Copa América y contra Argentina, eterno rival de su tierra natal. Ben saltó a la cancha y jugó por su historia. No necesitó esquivar ningún iceberg, porque fue él quien salió a chocarlos a todos. No necesitó guitarra para dar acordes de talento sorprendente. No necesitó bajo para ponerse al servicio y acompañar la melodía. Y aún cuando no pudo anotar, sintió como si estuviera jugando por ganar el balón de oro, y el premio del empate lo celebró con su nuevo equipo.

Ben Brereton dejó su apacible ciudad de leyendas de mármol, para jugar en el fin del mundo con leyendas vivientes. Y casi sin quererlo ni buscarlo, comenzó a escribir su propia historia. La leyenda de Ben, el niño británico que escogió Chile.

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Crédito imagen: IMAGO

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