Me tacharan de ‘exitista’, ‘mala leche’, ‘hincha de cartón’ y la verdad no me importa lo que digan mis detractores. Y no lo digo de soberbio, sino que desde mi última columna sentí que el hincha pasional argumenta con insultos y eso no va conmigo.

Toda la semana esperé con ansias el partido de hoy. De hecho, me organicé para ver a Palestino sin contratiempos ni preocupaciones. Es feriado, lo sé, pero siempre ocurren imprevistos y me aseguré de que al menos durante los 90 minutos nada sacara mis ojos del televisor.

Café en mano -pues en mi aposento del litoral la máxima no superó los 15 grados-, y con la fe de siempre, analicé el once inicial que Ivo Basay mandó al terreno de juego y me sorprendió, una vez más, la confianza obnubilada que le tiene a César Cortés. Para mi tranquilidad -y creo que para la de muchos-, ese lugar lo debería tomar Carlos Villanueva en el primer partido de la segunda rueda del Campeonato Nacional.

No pasaron ni cinco minutos y Matías Campos Lopéz anotó pero el gol fue anulado. Esa sería la única vez que vi en acción al otrora goleador, a quien nos vislumbro hace 2 años pero que hoy luce irreconocible, peleado con ese arco maldito que no nos deja en paz.

Pero bien. Perdimos por la mínima ante un rival discreto cuyos jugadores gozaron más en el suelo que de pie, y que tras el retiro podrían fácilmente dedicarse a la actuación.

Sin embargo, esta columna no será un análisis del partido porque después de cinco derrotas consecutivas ya me quedan pocas palabras para expresar el sentimiento de amargura que no sentía desde esos años que rozábamos la B.

Eso sí quiero comentar una cosa: Tras el gol de Curicó Unido tras una absurda falta de Benegas, y la correcta expulsión de Guerrero, Basay mandó a la cancha a Cabrera (por Campos López) y Carvajal (por Carrasco). Lo del ex Coquimbo Unido es entendible porque ordenó la defensa. Pero el ingreso del formado en Palestino, un contención neto con más oficio de defensor que armador, y en un momento clave en que necesitábamos gente en ofensiva, me dio a entender Basay no buscó un resultado positivo. Y lo digo porque en la banca tenía a Solabarrieta y a Chamorro, dos jugadores jóvenes que necesitan minutos para demostrar porque están en Palestino y que de seguro hubieran corrido todas las pelotas que muchos de los once que iniciaron el cotejo no hicieron.

El trago amargo queda porque Palestino es mucho más que los últimos seis partidos, y lo que viene de ahora en adelante es responsabilidad del cuerpo técnico, jugadores, y también de Jorge Uauy y del directorio que comanda. Las contrataciones futuras deben ser de la línea de Jiménez, Villanueva, Farías o como en su momento fueron las de Alejandro González, Julián Fernández, Lucas Passerini o Leonardo Valencia. Jugadores con carácter y no simples espectadores como Vicente Fernández, Tarifeño o Ahumada. Y si me aguatan un poco, la restructuración debe partir en la portería.

Por ahora, solo me queda celebrar que para el inicio de la segunda rueda no veré a Sergio Felipe ni Enzo Guerrero vestir la gloriosa camiseta tetracolor. Ambos suspendidos por acumulación de tarjetas amarillas, y el otro por tarjeta roja, respectivamente.

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Juanri Salame

Por Paisano

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